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sábado, 23 de abril de 2011

Suspendida la Estación de Penitencia de la Hdad. de la Vera+Cruz de Encinasola



 “La Hdad. Roca-Amador  en la procesión del 
Santo Entierro de Encinasola 2011”


            Como todos los años, la Hermandad de Nuestra Señora de Roca-Amador con su Junta Directiva al frente y portando el Estandarte insignia  de esta,  tenía previsto asistir a la procesión del Viernes Santo del Santo Entierro , para rendir honores, junto con el  resto del Cortejo conformado por las distintas representaciones de las  Hermandades y Asociaciones de nuestro pueblo ,al Santísimo Cristo de la Vera Cruz y María Santísima de la Soledad.
           
            Al igual que pasara ayer jueves en la media noche con la Hermandad de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder, no ha podido realizar su Estación de Penitencia por las calles de Encinasola debido a las inclemencias del tiempo.

             A pesar de ello, tanto a los hermanos y hermanas  cofrades como a quienes esperaban el cortejo procesional, y tras unas  palabras por parte de su Hermano Mayor, D. José Manuel Hermoso Márquez y la posterior entrega de un recuerdo de los Titulares a personas que desinteresadamente colaboran año tras año con ella –destacar aquí también la recogida por parte de nuestra Hermana Mayor, Dña. Nicolasa López Frías, de un cuadro en gratitud  por el préstamo de diversos enseres que la Hermandad de Roca-Amador le hace para su Estación de Penitencia - , nos han deleitado con varias marchas procesionales y donde los costaleros, al son de la música, nos han ofrecido  unas  preciosas imágenes, aunque esta vez en el interior  de la ermita de los Santos Mártires.

             Desde aquí dar las gracias por el bello gesto y enviar  un caluroso abrazo a toda su Junta Directiva y  a tantos y tantas, que un año más, esperábamos ansiosos poder  acompañar a sus Sagrados Titulares.

            Mucho ánimo y si Cofradía es un  día, Hermandad lo  es los 364 días del año restantes.

                                                                                           
                                                                                             
                                                                                               LA JUNTA DIRECTIVA



       Les ofrecemos a continuación unas imágenes de los momentos vividos en el día de ayer     


viernes, 15 de abril de 2011

Galería gráfica de los actos celebrados en Aracena, con motivo de las JMJ 2011

    Les presentamos a continuación, la galería gráfica de los actos desarrollados en Aracena el pasado 13 de abril, con motivo de la visita a esta localidad, de la Cruz de los jóvenes y el Icono de la Virgen, todo ello englobado en la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que este año tienen su sede en España. Muchos marochos se desplazaron apara acudir a este evento, encabezados por nuestro Director Espiritual, Don Pedro Kluk.


martes, 12 de abril de 2011

XXIV Jornada Mundial de la Juventud, Madrid 2011. La Cruz de los jóvenes y el Icono de la Virgen en Aracena




XXIV Jornada Mundial de la Juventud, Madrid 2011 (16 al 21 de Agosto)

"ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO. FIRMES EN LA FE"

 
        La Jornada Mundial de la Juventud es un evento organizado por la Iglesia Católica que se celebra cada tres años con carácter internacional. Como preparación al encuentro, la Cruz de los Jóvenes y el Icono de la Virgen, símbolos de las JMJ,  recorren  las diócesis del país organizador; en este caso, España.

        Y será el próximo Miércoles 13 de Abril por la tarde  a las 19:00 horas en Aracena, cuando tendrá lugar  la acogida de la Cruz y del Icono de la Virgen María por los/las jóvenes y quien lo desee de los arciprestazgos de la Sierra de Huelva en la Iglesia de Santo Domingo, de allí  a la Iglesia Prioral de Ntra. Sra. del Mayor Dolor o Castillo, donde se celebrará una vigilia de oración en torno a la Cruz (Vía Crucis) y posterior traslado al Monasterio de Santa Catalina, donde pernoctarán.

        Desde nuestro pueblo saldrá autobús para acudir  a dicho evento. Quien desee asistir o tener más información , puede contactar con la Parroquia de Encinasola.

        La Hermandad de Roca-Amador, quiere a través de su blog, contribuir a una  mayor difusión al evento así como animar   tanto a los miembros de esta Hermandad como a cualquier persona que lo desee, a acoger en su peregrinación a la Cruz y al Icono de María en Aracena y como no,  a vivir  la próxima JMJ en Madrid el próximo mes de Agosto.

        Añadimos información oficial enviada a la Hermandad de Roca-Amador desde la Parroquia de San Andrés Apóstol (Encinasola) y desde el Obispado de Huelva.
 
        Un fuerte abrazo y que las personas asistentes, vivan el momento intensamente, desde lo más profundo de sus corazones.
 
                                                                                         LA JUNTA DIRECTIVA



Comunicado de la Parroquia de San Andrés (Encinasola)
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Comunicado del Obispado de Huelva
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sábado, 19 de marzo de 2011

Carta de condolencia a Don Pedro Kluk


Hermanos y hermanas ante la Virgen:
 
        El pasado 3 de febrero murió  en Polonia la madre de nuestro Director Espiritual y cura-párroco de Encinasola, D. Pedro Kluk. Ante tal circunstancia y tal como se viene haciendo desde hace varios años con los familiares de  los miembros de nuestra Hermandad que fallecen además de otros casos excepcionales, se le ha entregado en nombre de quienes la integramos, una carta de condolencia.  Así mismo, se ofrecerá una Misa por su eterno descanso y cuya fecha, les será indicada en breve.
 
         Un saludo,
 
                         LA JUNTA DIRECTIVA


(Os adjuntamos la carta a continuación)


miércoles, 9 de marzo de 2011

Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma

    ¿Qué es la Cuaresma?


    La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión  que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros  y nosotras para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.


    La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos, día que se inicia la Semana Santa. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del Domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de personas verdaderas creyentes que debemos vivir como hijos e hijas  de Dios.

    El color litúrgico de este tiempo es el morado, que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

    La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En Ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

    En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

    La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.



Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2011




«Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado» (cf. Col 2, 12)


        Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (cf. Prefacio I de Cuaresma).

1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.
        El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.
Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.

2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor —la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico—, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para los catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.
El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.
        El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) y fortalece la voluntad de seguir al Señor.
La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.
El domingo del ciego de nacimiento presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador. Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».
Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último de nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para la resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y a su vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.
El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.

3. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la «tierra», que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf. 1 Jn 4, 7-10). La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical (cf. Enc. Deus caritas est, 12). Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo. El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa —y no sólo de lo superfluo— aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).
        En nuestro camino también nos encontramos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida. ¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentación es pensar, como el rico de la parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años... Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma”» (Lc 12, 19-20). La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.

        En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.
En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una sincera revisión de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.


        Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendamos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte y resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna.


Benedicto XVI


Fuentes:
http://multimedios.org/cuaresma/
Enlace Vía Crucis virtual:  http://www.multimedios.org/viacrucis/


   

La Ermita de la Virgen, por José Delgado

    Les presentamos en la siguiente imagen, un bonito dibujo realizado por José Delgado de la ermita de la Santísima Virgen.

    Este autor, marocho y padre de 3 hijos, dedica su tiempo libre entre otras cosas, a la pintura y el dibujo, y como podrán ver en la imagen, talento no le falta. Destaca, el cariño que tiene siempre a todas las cosas que tengan que ver con su pueblo, y en especial a las advocaciones marianas marochas, entre ellas Nuestra Bendita Madre de Roca-Amador.

   Comentar también, que para la última rifa benéfica realizada por la Hermandad, nos cedió dos de sus obras para tal efecto, que representaban dos lugares de nuestro pueblo, y que llamaron la atención por su belleza.



Aquí tienen la imagen (pinchad para ampliar)


martes, 8 de marzo de 2011

Rocamadour (Francia). Origen de la devoción a Ntra. Sra. de Roca-Amador

    Os dejamos en la siguiente presentación de diapositivas, unas imágenes de la localidad francesa de Rocamadour, origen de la devoción a la Santísima Virgen, y de donde a través del camino de Santiago, llegó la advocación hasta Encinasola.

(id pasando las imágenes con los botones de abajo. Podéis verlo a pantalla completa en la opción menú y view full screen)